sábado, 15 de diciembre de 2007

Argentino Luna


Como todo buen paisano, nacido en los pagos gauchos de General Madariaga, agradezco su visita y mientras me voy preparando el mate amargo, que lamento no poder compartir, como quien no quiere la cosa empiezo a meterme memoria adentro para encontrarme con mis "Ayeres", con ese pasado que fundamenta mi presente.
Tengo tanto pa contarle, que le ruego que me lea .

Corría el año 1941, cuando un 21 de junio, a pleno invierno, se me dio por llegar a la vida. Mi madre, Esperanza Castañares y mi padre, Juan Lino Giménez, habían decidido que tenía que nacer y así sucedió. Mi niñez transcurre tranquila y feliz, a campo abierto, mis padres campesinos. Gente sencilla, gente de campo, nos criaron con la virtud que da la pobreza; camisa zurcida pero limpita. Tirado panza arriba, acariciando la pampa con mis manos niñas y bajo la celeste techumbre del cielo, me gastaba los días mirando el vuelo de los pájaros y escuchando el profundo silencio de la campiña bonaerense, el canto de los grillos, el grito de los teros, el mugir de las vacas, el relincho de los baguales, y el torear de los perros, mis amigos primeros e inolvidables. Así de simple y cristalina fue mi niñez de muchachito campesino.
Perdóneme si lo canso, pero es que empiezo a volar con el pensamiento y se amontonan los recuerdos. Fue en aquellos días de niño cuando escuché la primer guitarra. Todo mi asombro estalló cuando descubrí el misterio de aquella caja sonora. Jamás escuché con tanta devoción a un cantor, como a esos paisanos rudos de manos curtidas pero tiernas para acariciar el encordado. Hoy pienso que no cantaban; aquello era un rezo, un salmo y creo que fue allí, en plena pampa y a cielo abierto, donde me encontré con Dios por vez primera .

Un día conocí el mar, la otra pampa, pampa azul y en movimiento. Mis padres se fueron a peonar a Villa Gesell, una villa turística que recién nacía, y yo, ya muchachón adolescente, trabajaba en distintos menesteres para arrimarle unas papas más al guiso oloroso y sustansioso, que mi madre milagrosamente hacia crecer y repartía equitativamente, en aquella mesa presidida por mi padre .

El lazo del amor me pialó jovencito; tal vez como un presagio, así debía ser. Ella partió rumbo al cielo, demasiado joven también. Como sabiendo de antemano lo que iba suceder, Ana María se convirtió en árbol tempranamente y florecieron sus ramas: Ana María, Patricia Lina, Estrella Sandra y Karina Soledad .

Con familia, un día llegué a la gran ciudad, a Buenos Aires, y empecé a campear guitarras. En donde sonara una encordada, allí estaba yo, firme como clavo e mesa. Y en cuanto me daban un barato, ya me prendía también sin hacerme rogar y me les iba despacito como comiendo bichitos, enancao a una milonga, una cifra, un estilo o algún relato campero que contaba quién era o de qué lugar venía .

Así gastando noches largas, pobre de monedas en el bolsillo, pero rico en sueños, subí hasta el escenario del corazón del pueblo para integrar esta tropilla de cantores populares, a muchos de los cuales había escuchado por la radio en mis tiempos de niño.

Me parece que usted se me está cansando y a mí se me ha lavao el mate; si quiere se la sigo en otro momento. Yo le voy pegar un telefonazo a la gente de la grabadora por que está a punto de caramelo la salida de otro C.D, cuyo titulo es " VOY A SEGUIR, POR VOS". Lo grabé en M & M compañía discográfica y es como el Nº 50. Ha sido largo el camino, pero "sarna con gusto no pica".

Desde este lugar del sur de América morena sigo andando los caminos del mundo, esencialmente mi tierra. Ay ........ pobrecita mi tierra, tan cuatrereada, tan estafada por tanto mediocre de arriba pisoteando a los de abajo (léase Juan Pueblo), pero siempre con la esperanza de que un día suene un tiro pal lao de la justicia, como decía mi padre, el Capitan de la espiga al que alguna vez le canté .

Con mi guitarra y mis canciones argentinas anduve por el Japón, metido en los arrozales; por tierras de España, maravillado ante la memoria de aquel granadino lleno de luz, llamado Federico García Lorca; por caminos de la Mancha, recordando al Manco de Lepanto, el genial Cervantes. Aterricé en Estados Unidos para mirar el cielo que vio cantar y soñar al majestuoso y viejo sabio Walt Whitman. Dejé milongas en Panamá, cifras en Costa Rica, décimas en Uruguay, poemas en Brasil, pero siempre con la mirada firme hacia el sur de América-india, donde habitan mis paisanos, donde moran mis antepasados y lugar elegido para descansar, cuando me toque partir a los pagos de donde no se vuelve .
Ahora que sabe dónde encontrarme, me puede pegar el grito que aquí lo estaré esperando "pa lo que guste mandar"; si alguna vez me precisa, no tiene más que avisar .

Si alguna vez el destino lo pone frente a una guitarra y una canción, en una de esas, quien le dice (sorpresas te la vida), el que entona puede ser un paisano de Madariaga, nacido en los montes del Tuyú, es decir, un servidor llamado